Saturday, January 15, 2011

Aimless Reading: The M's, Part 14 (Javier Marías)

Marías, Javier
Corazón tan blanco


I think this was purchased online.

As I've mentioned before, I went on a year-plus jag of reading Spanish language novels almost exclusively. It began in the summer of 2008 and lasted until the spring of 2010. It may only be on hiatus. For the past few months I've been back to reading English, mostly because I got stuck in the middle of two or three Spanish books, all of which are still sitting on the nightstand next to my bed, taunting me.

Anyhow, I think Jon Welch, owner of Talking Leaves...Books, was the one who told me he'd heard Marías was a good read. I eventually bought this one, after reading some reviews online. It's pretty great, as are most of his novels. He's a very good writer to read in winter, as his novels take a long time to read, due mostly to the complex length of the sentences and his habit of disrupting the narrative with long philosophical passages.

Anyway, most of his best novels are translated into English and published on New Directions. You should read them. Seriously.

from Corazón tan blanco

No he querido saber, pero he sabido que una de las niñas, cuando ya no era niña y no hacía mucho que había regresado de su viaje de bodas, entró en el cuarto de baño, se puso frente al espejo, se abrió la blusa, se quitó el sostén y se buscó el corazón con la punta de la pistola de su propio padre, que estaba en el comedor con parte de la familia y tres invitados. Cuando se oyó la detonación, unos cinco minutos después de que la niña hubiera abandonado la mesa, el padre no se levantó en seguida, sino que se quedó durante algunos segundos paralizado con la boca llena, sin atreverse a masticar ni a tragar ni menos aún a devolver el bocado al plato; y cuando por fin se alzó y corrió hacia el cuarto de baño, los que lo siguieron vieron cómo mientras descubría el cuerpo ensangrentado de su hija y se echaba las manos a la cabeza iba pasando el bocado de carne de un lado a otro de la boca, sin saber todavía qué hacer con él. Llevaba la servilleta en la mano, y no la soltó hasta que al cabo de un rato reparó en el sostén tirado sobre el bidet, y entonces lo cubrió con el paño que tenía a mano o tenía en la mano y sus labios habían manchado, como si le diera más vergüenza la visión de la prenda íntima que la del cuerpo derribado y semidesnudo con el que la prenda había estado en contacto hasta hacía muy poco: el cuerpo sentado a la mesa o alejándose por el pasillo o también de pie.

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