Friday, June 10, 2011

Aimless Reading: The N's, Part 5.3 (Pablo Neruda)

Neruda, Pablo
Nuevas odas elementales


Ok, so I was right yesterday in saying I had purchased this book at The World Languages Center at Yale. I must have bought yesterday's online somewhere. Either that or I picked it up I don't know where.

Anyhow, I definitely bought two copies of this and gave one to my migrant worker poet friend, Romulo. I think I also gave him a copy of Machado's Campos de Castilla, if I am not mistaken.

I felt terrible when he left for Mexico, as he had sent me some poems to read and critique and I had gotten behind on things and let them sit for a couple of months before trying to get in touch with him. By the time I got around to it, he was gone, no forwarding address.

Sigh.

from Nuevas odas elementales

Oda al diccionario


Lomo de buey, pesado

cargador, sistemático

libro espeso:

de joven

te ignore, me vistió

la suficiencia

y me creí repleto,

y orondo como un

melancólico sapo

dictaminé: "Recibo

las palabras

directamente

del Sinaí bramante.

Reduciré

las formas a la alquimia.

Soy mago".

El gran mago callaba.

El Diccionario,

viejo y pesado, con su chaquetón

de pellejo gastado,

se quedó silencioso

sin mostrar sus probetas.

Pero un día,

después de haberlo usado

y desusado,

después

de declararlo

inútil y anacrónico camello,

cuando por largos meses, sin protesta,

me sirvió de sillón

y de almohada,

se rebeló y plantándose

en mi puerta

creció, movió sus hojas

y sus nidos,

movió la elevación de su follaje:

árbol

era,

natural,

generoso

manzano, manzanar o manzanero,

y las palabras,

brillaban en su copa inagotable,

opacas o sonoras

fecundas en la fronda del lenguaje,

cargadas de verdad y de sonido.

Aparto una

sola de

sus

páginas:

Caporal

Capuchón

qué maravilla

pronunciar estas sílabas

con aire,

y más abajo

Cápsula

hueca, esperando aceite o ambrosía,

y junto a ellas

Captura Capucete Capuchina

Caprario Captatorio

palabras

que se deslizan como suaves uvas

o que a la luz estallan

como gérmenes ciegos que esperaron

en las bodegas del vocabulario

y viven otra vez y dan la vida:

una vez más el corazón las quema.

Diccionario, no eres

tumba, sepulcro, féretro,

túmulo, mausoleo,

sino preservación,

fuego escondido,

plantación de rubíes,

perpetuidad viviente

de la esencia,

granero del idioma.

Y es hermoso

recoger en tus filas

la palabra

de estirpe,

la severa

y olvidada

sentencia,

hija de España,

endurecida

como reja de arado,

fija en su límite

de anticuada herramienta,

preservada

con su hermosura exacta

y su dureza de medalla.

O la otra

palabra

que allí vimos perdida

entre renglones

y que de pronto

se hizo sabrosa y lisa en nuestra boca

como una almendra

o tierna como un higo.

Diccionario, una mano

de tus mil manos, una

de tus mil esmeraldas,

una

sola

gota

de tus vertientes virginales,

un grano

de

tus

magnánimos graneros

en el momento

justo

a mis labios conduce,

al hilo de mi pluma,

a mi tintero.

De tu espesa y sonora

profundidad de selva,

dame,

cuando lo necesite,

un solo trino, el lujo

de una abeja,

un fragmento caído

de tu antigua madera perfumada

por una eternidad de jazmineros,

una

sílaba,

un temblor, un sonido,

una semilla:

de tierra soy y con palabras canto.

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